La constante tendencia de la población latinoamericana hacia la polarización política se refleja con claridad en las preferencias electorales de los últimos procesos en la región. Ecuador en 2021 vivió un clima electoral divido con la pugna por la presidencia de la república entre dos polos ideológicamente opuestos, algo parecido está sucediendo en Colombia con el resultado de la reciente primera vuelta presidencial con un Gustavo Petro de tendencia de izquierda con más de 40% de los votos y el populista Rodolfo Hernández con más del 28%. De ganar Petro <<un hecho inédito para un país gobernado históricamente por una clase política de corte conversador>>, Colombia formaría oficialmente parte del actual viraje regional hacia la izquierda, siguiendo los pasos de países como Perú, Honduras o Chile. Aunque el resultado electoral colombiano no es definitivo, la posibilidad de que la izquierda se haga con la segunda vuelta en ese país inevitablemente tendría consecuencias en una nueva reconfiguración de la geopolítica regional y teniendo en consideración que en octubre de este año las encuestas indican que Brasil podría también entrar al club del socialismo del siglo XXI.
El fenómeno que ha marcado la debacle de la clase política tradicional y creciente polarización en la región se refleja en las elecciones presidenciales citadas, este se podría vincular con el descontento social generalizado producto de la histórica inequidad, desigualdad o violencia que vive nuestra región, profundizada actualmente por la crisis provocada por la pandemia mundial del COVID-19, este fenómeno es una demostración pública de que las cosas no van bien, sin embargo, ¿es la izquierda radical la solución al conflicto social en el continente más desigual del mundo?.
Santiago Pérez Samaniego
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