El Estado no solo es un concepto

La retórica de los políticos es distinta en tiempos de campaña y en tiempos de gobierno, usan un lenguaje cuando son oposición y otro distinto de sus formas y sus ideas cuando son oficialismo. Asumir la responsabilidad no es lo mismo que fustigar la toma de decisiones. Por suerte, nos queda tiempo para mirarlas. 

La derecha en general, desde liberales ortodoxos hasta neoliberales remozados, en campaña abonan sobre la idea de que cada vez debe existir menos Estado. Hoy, muchos de ellos han dejado la consabida tesis, y es porque la realidad les ha demostrado lo contrario. Cuando el Estado es cada vez más ausente, cuando la presencia de él deja a la deriva a la salud, a la educación, a la seguridad, y a los servicios, se dan cuenta que el Estado y su institucionalidad deben ser intensas, fuertes, presentes, demostrar su potencial de acción, ya no solo en la teoría política, sino en la vida material de la gente.

Las instituciones y el ordenamiento jurídico deben, idealmente, cumplir con una función esencial en la vida de la gente: evitar que los conflictos entre personas terminen en la más violenta de las venganzas, ni en el más atroz de los ajustes de cuentas. Denostar del tamaño del Estado es achicar los trazos del ejercicio de gobierno, es permitir zonas de autogobierno violento, de autarquía a merced de otros poderosos. Es dar licencia para que en islas de territorio se creen para-gobiernos, que, por sus artimañas terroristas y bélicas, rebasan la capacidad del Estado al que siempre quisieron minimizar.

Pablo Vivanco Ordóñez

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