Muchos dudamos de que los jueces provinciales de Santa Elena iban a actuar conforme a derecho al resolver el recurso de apelación que interpuso el Estado en contra de la sentencia del juez de Manglaralto, Diego Moscoso, quién otorgó la libertad a Jorge Glas por medio de un “habeas corpus” que implicó la violación de expresas disposiciones constituciones, legales y jurisprudenciales.
Nos equivocamos. Dichos jueces, por unanimidad, declararon la nulidad de lo actuado por Moscoso, debido a su incompetencia en razón del territorio y no citar al Procurador General del Estado. Para los jueces resultó inverosímil aducir que se desconocía el paradero de Glas (Latacunga) y señalaron que el SNAI, al no gozar de personería jurídica propia, debió estar representado por el PGE.
Los jueces no solo dispusieron la inmediata captura y retorno a prisión de Jorge Glas, sino que solicitaron a la Fiscalía que se investigue a funcionarios del SNAI y de la Unidad Judicial de Manglaralto. También declararon la existencia de error inexcusable en las actuaciones del juez Moscoso, con lo que se abre la puerta para su destitución luego del sumario administrativo correspondiente. Glas esperó en su domicilio el cumplimiento de la orden de los jueces de Santa Elena. Dicho acto estableció dos categorías de delincuentes correístas: los que se entregan a la justicia y los cobardes que huyen de ella. Correa es peor que Glas: es delincuente y, además, cobarde.
Gustavo Ortiz Hidalgo
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