Una vida entre las cuerdas

Uno de los instrumentos más delicados y majestuosos que pese a los años, a su tamaño y agudeza, es capaz de hacer vibrar el corazón de quien lo ejecuta y de quien lo escucha, es el violín; ya que hechiza y enamora como el canto seductor de una sirena en alta mar.

En el violín además de la técnica, surgen aspectos de estilo –vibrato– el uso correcto del arco, la estética del sonido, la forma de las notas; la articulación, entre otros aspectos, para llegar a través de sus cuatro cuerdas a producir más de 32 sonidos desde los más graves a los más agudos; reuniendo el brillo y la dulzura al sostener, ampliar y modificar sonidos, en un reflejo de la pasión y los movimientos del alma que rivalizan con la voz humana.

Nos enorgullece haber contado en Loja con una de las principales escuelas violinísticas del país gracias a las gestiones realizadas por el maestro Edgar Palacios, quien abrió el telón para que nuestra ciudad escondida entre valles se contagie de su actitud visionaria de posicionar la formación musical ecuatoriana a un nivel de excelencia, de ahí que se propiciaron propuestas curriculares y se tuvo el enorme acierto de contratar a destacados maestros como los esposos Rogachevsky, una pareja conformada por los violinistas Ruso – Ucraniano sentando las bases de las cuerdas frotadas que han nutrido posteriormente las principales orquestas del país. Ellos forjaron un semillero en Loja, acogiendo a sus estudiantes como si fueran una familia.

En gratitud a los pioneros Nicolay e Irina Rogachevsky, un grupo de docentes del área de cuerdas del Conservatorio SBC, establecieron un festival que lleva su nombre, y que en días pasados presentó su décima edición con las mejores interpretaciones de las cuerdas frotadas de Loja y el país. Felicito al área de Cuerdas por hacer prevalecer el reconocimiento a los maestros que forjaron la escuela musical rusa, que es la que actualmente impera en el Ecuador.

Lucía Margarita Figueroa Robles

lucia.figueroa@unl.edu.ec