El arte de ser feliz

Hace poco filosofaba sobre el arte de ser feliz. Decía que cada uno de nosotros tiene un concepto diferente en torno a este tema. Me atrevía a opinar que, muchas veces, aquello que nos puede hacer verdaderamente felices lo podríamos tener justo al lado, aunque no seamos capaces de identificarlo. La agitada vida que llevamos nos ha hecho tan estériles en lo sentimental que tendemos a buscar a lo lejos la felicidad que no acertamos a percibir al lado nuestro. Por analogía de contrarios, también podría hablarse sobre personas que están dominadas por el vicio de ser infelices ya que nunca están conformes con lo que tienen. Siempre quieren más y en mayor abundancia. No prodigan amistad, sino que quieren imponer la dominación y exigir la subordinación de los demás. No se dan cuenta que cuando así actúan están cambiando el afecto por el odio. La vida, que de por sí es corta, se estrecha siniestramente cuando el rencor es asumido como una misión. El resentimiento es una emoción que sólo puede existir en ausencia de toda inteligencia. Nadie que sea inteligente puede dejarse dominar por sentimientos perversos a sabiendas de que se aísla del resto de la sociedad. La perversidad vibra negativamente, se siente en cuanto uno se acerca a la persona que rezume encono por los poros. El ser humano tiene en sus manos el recurso de configurar su destino. Y su éxito en ello depende de si se expone al influjo de las fuerzas cargadas de bendición o prefiere la destrucción.

Marco A. González N.

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