Hiper-super-inteligentes

Hay teorías que nos dicen que la inteligencia es un factor adquirido, así como también hay las que dicen que es un factor hereditario. Es posible que sean más realistas las que dicen que participa de ambas naturalezas.

En todo caso, lo importante es que hay formas prácticas de desarrollarla. Es por eso que, en la actualidad, su desarrollo forma parte de las propuestas educativas y que deben ser tomadas en cuenta en el currículo de cada establecimiento educativo.

¿Hasta dónde puede desarrollarse la inteligencia? ¿Es como el desarrollo del cuerpo, que tiene sus propios límites, o es posible que sea ilimitada? No creo que se tenga, por el momento, una respuesta definitiva. Pero sí es claro que, a mayor inteligencia, mayores son las posibilidades de resolver cualquier tipo de problema.

Se han encontrado y propuesto algunas formas de desarrollar la inteligencia. Pero, en este punto, no podemos soslayar el peligro de adentrarnos en campos en donde la moral tiene algo que decirnos.

Así, por ejemplo, la implementación de píldoras, chips, sustancias químicas, etc., que pueden convertirlo al ser humano en un robot para dar respuestas o guardar información; la idolatría que se conforma al valorar más al que es más inteligente, más atinado, más eficiente, en desmedro de quienes no son tan inteligentes; la clasificación de los seres humanos en categorías artificiales, que derivarían en grupos antagónicos; la consideración materialista del ser humano, que pone al cuerpo como lo más valioso, dejando de lado su dignidad y su valor intrínsecos; etc.

Justamente, la corriente transhumanista mira al ser humano como un conejillo de indias al que podemos manipularlo a nuestro antojo, para conseguir resultados asombrosos… pero inhumanos.  No siempre lo “progresista” nos lleva a buen fin.

Carlos Enrique Correa Jaramillo

cecorrea4@gmail.com