El Ecuador actual es producto de una oferta política que se nos vendió como Liberal, sin dictaduras, con un libre mercado y cero control mediático. Así lo aceptamos, y es que luego de 10 años de correismo, y 4 de una desastrosa transición morenista, el mayo pasado se consolidó el tan anhelado cambio de modelo político.
El mismo que se daría en los primeros 100 minutos, y luego se prorrogaría a 100 días, y luego, pues luego ya no se habló más de ello.
La realidad actual dista mucho de ese ofrecimiento, y si bien nunca se puso en tela de debate el estado de la salud pública, hoy es uno de los sectores más golpeados y desabastecidos. Pero hay un tema que preocupa aún más a la población, y es la seguridad ciudadana.
Rousseau decía que cuanto más crece el Estado, más disminuye la libertad; pero si somos un poco más críticos, precisamente esto fue lo que se nos ofertó en campaña, “Disminuir el tamaño del Estado”. Ahora resulta que no hemos estado listo para aumentar las libertades, puesto que quienes más han aprovechado esta ausencia de Estado, han sido los grupos del crimen organizado.
Entonces, ¿Estamos ante un estado fallido?, que no puede garantizar su propio funcionamiento, los servicios básicos o peor aún los derechos humanos a su población. O resulta que la aplicación del plan de gobierno desembocó en un vacío de poder.
Hoy el Estado ya no posee el monopolio de la fuerza, su legitimidad está en disputada y la sostiene instituciones frágiles, que carecen de capacidades y recursos para satisfacer a sus ciudadanos.
Definitivamente el gobierno, para ser bueno, debe ser relativamente más fuerte, que los problemas que afronta o “hereda”.