“El que no lee está forzado a creer lo que le dicen” y es que no hay duda alguna que en el siglo XXI podemos encontrar buenas lecturas en todas partes, desde el formato impreso hasta el digital, de ahí que debemos ser cuidadosos con lo que percibamos desde la metalectura, porque como dicen los entendidos, seremos el resultado de los libros que leamos y con quienes nos relacionemos.
Ya mencionaba Giardinelli como activo promotor de la lectura que “un pueblo que no lee está condenado a la extinción” ya que no hacerlo conlleva a elevar la ignorancia y una baja calidad de vida. Leer eleva nuestra imaginación y creatividad, nos permite vivir nuevas experiencias, viajar en el tiempo, encarnar personajes utópicos, conocer varias culturas, habitar en cualquier época, mejorar el desarrollo léxico, vivir con todos los sentidos, vivir otra vida.
Según investigaciones de cada generación (la Generación Z, los Millenials, la Generación X, los Baby Boomers, la Generación Silenciosa) se distingue que los gustos relacionados a la literatura varían, aunque se establecen también ciertas similitudes, siendo en todos los casos predilectos los libros impresos.
Si bien se han dado cambios generacionales, percepciones distintas, el consumo de audiolibros, etc. lo importante es seguir promoviendo la buena literatura. A propósito de recordar el natalicio del destacado escritor lojano Pablo Palacio, que entre la locura y genialidad marcó en el Ecuador un intervalo con el movimiento costumbrista del siglo XIX, logrando dar vida a personajes “inverosímiles” abordando teorías paradójicas en una especie de crítica a la sociedad deshumanizante y atrapada en las apariencias, invito a que niños, jóvenes o adultos, volvamos la mirada a las joyas literarias, escondidas en nuestra Cantera de Inagotables Artistas.
Lucía Margarita Figueroa Robles
sumaguarmi@gmail.com