La presencia de regímenes políticos que combinan procedimientos propios de un sistema democrático con estrategias de carácter autoritario para el ejercicio del poder son cada vez más comunes. Latinoamérica no es la excepción, según el Instituto para la Democracia y la Asistencia Electoral (IDEA), con su estudio Estado de la Democracia en las Américas 2021, la democracia muestra signos de resiliencia y deterioro en tiempos de pandemia. Por un lado, los procesos electorales se han realizado con relativa normalidad, se ha mantenido una defensa activa por parte de la ciudadanía de sus derechos a través de movilizaciones como en Colombia, Perú o Paraguay en 2021. Los órganos judiciales, los parlamentos y los medios de comunicación han continuado ejerciendo su labor pese a las restricciones de las libertades civiles mediante el uso abusivo en algunos casos de estados excepción debilitando la división de poderes y el Estado de Derecho. Sin embargo, las autocracias y los regímenes híbridos también se han afianzado, erosionando la calidad de las democracias, aumento de la incertidumbre y riesgo político. En algunos países de la región la pandemia profundizó espacios para la corrupción, deterioro en materia de derechos socioeconómicos, igualdad de género, libertad de expresión o derechos humanos.
El estado actual de la democracia en la región es evidentemente vulnerable, volátil, polarizado y fragmentado, el descontento ciudadano por la desconexión de las élites políticas de las necesidades de la población ha provocado una profunda crisis de legitimidad y confianza tanto en las instituciones, políticos o la política en general que se potencia con la pandemia y sus efectos en la salud, economía y empleo. El malestar y desconfianza social extendidos o sentimientos anti-élite pueden convertirse con facilidad en caldo de cultivo para el ascenso al poder de liderazgos mesiánicos, populistas o autoritarios independientemente de su ideología.
Santiago Pérez Samaniego
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