Chapados a la antigua

Dada la globalización, la mundialización del capital y esa obsesiva tendencia al consumismo imperante han hecho que todo se vuelva incierto, cambiante y, desde luego, descartable. Hablamos de una modernidad líquida, como la calificara el filósofo Zygmunt Bauman, donde hay una reticencia de la gente a asumir responsabilidades o compromisos a largo plazo, todo pretende moverse con base en la instantaneidad que determina una sociedad marcada por los avances tecnológicos y de las comunicaciones y que cada vez pierde sus referentes identitarios, sus raíces esenciales, para dar paso al todo, a lo global.

En esa lógica de pensamiento y acción, el individualismo gana espacio a la solidaridad, dejando que la selección darwiniana haga su trabajo, esto es colocando, en un lado, a ese pequeño grupo de beneficiarios del establishment y, en otro, a los desheredados del sistema que no pueden formar parte de la oferta o demanda del mercado y que, por lo mismo, se vuelven invisibles., es decir, algo parecido con aquello de querer esconder bajo la alfombra a los pobres… Sin duda, hay una crisis de valores y de principios enorme, los cuales se tuercen e interpretan en función del interés del momento. De esa manera todo tiene una explicación, una justificación.

Por eso es momento de hacer una pausa, de mirar con cuidado lo que le sucede a nuestra sociedad. Quizá el elemento central del cambio esté relacionado con la educación que permita reorientar la dirección a una comunidad que por ahora tiene personas que caminan como zombis con la mirada puesta en sus teléfonos inteligentes.

Debemos rescatar la conducta de esas personas chapadas a la antigua que no requieren de contratos para cumplir su palabra y que sus valores acerados están a prueba de fuego. El nuevo vector debe apuntar a la humanización del hombre.

Giovanni Carrión Cevallos

@giovannicarrion