Nuestra sociedad cada día más demuestra graves problemas estructurales. Es una pena observar que en múltiples ocasiones lo que tanto demandamos ni siquiera nosotros lo cumplimos y cuando exigimos derechos no somos capaces de ejecutar al menos nuestros deberes.
En el día a día observamos accidentes de tránsito por imprudencia de los conductores, irrespeto a las señales en las ciudades, día a día se multiplican los accidentes provocados por automotores, entre otros, y el final no parece que está próximo a llegar.
Por otro lado, la ilegalidad es la normalidad de los nuevos inversionistas, comandados por la avaricia y la sed de riqueza, ahora enfrentan con rebeldía al sistema siendo fortalecidas las estructuras por sus propias víctimas.
Como si todo esto fuera poco, la delincuencia se toma las ciudades; parte del sistema está plagado de corrupción, países extranjeros nos niegan visas a las esferas de poder que con sombras obscuras tratan de cubrir sus engaños y fechorías. No basta con todo lo ya dicho, para colmo ahora incluso la misma justicia encarcela al policía que enfrenta la delincuencia y libera a los criminales que sin compasión caminan en las calles.
Vivimos una sociedad al revés, con débiles instituciones, grupos sociales enfermos de poder y codicia y una campante pérdida de valores que lo único que hará es que extermine a todos quienes somos parte de ella. Despertemos hacia el cambio y busquemos ayuda, sino actuamos quienes no queremos que esto siga pasando, nadie va a actuar por nosotros. La mejor arma es el ejemplo y la acción, luchemos por recuperar los principios que son los únicos que podrán salvarnos en este escenario actual lleno de tinieblas y penurias.
Leonardo Izquierdo Montoya
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