En física se estudian los diferentes tipos de energía: energía eléctrica, eólica, química, etc. Y, gracias a Einstein, podemos tener un concepto bastante apropiado de la relación entre la energía y la materia: la materia es “energía condensada”.
El hombre se aprovecha de toda clase de energía. Así, por ejemplo, puede utilizar la energía solar para secar su ropa. O puede aprovechar la energía eólica para producir energía eléctrica. La energía química de la gasolina le sirve para mover un carro o un avión. Y así por el estilo.
¿Son las energías buenas o malas? Lo que me parece verdadero es que el ser humano es el que tiene voluntad de utilizarlas para el bien o para el mal: puede utilizar la energía calórica para preparar su alimento… o puede utilizarla para quemar la casa del vecino. Puede utilizar la energía eléctrica para lavar su ropa… o puede provocar un cortocircuito con fines perversos.
Lo que se me dificulta a mí es entender aquello que se habla en la actualidad con asombrosa amplitud y simpática aceptación referente a las energías “positivas” y las “negativas”. Se trata de un espacio cósmico en donde estas energías están dando las vueltas y hay que atraparlas si son positivas y dejarlas ir si son negativas. No vaya a ser cosa que me entren energías negativas y que, anulada así mi voluntad, empiece a estar de a malas con todo aquel que se ponga en mi delante. Aunque, si tengo un poco de suerte, me encuentren las energías positivas y ahora pueda sonreír a todo el mundo. De esta forma, la voluntad no tiene arte ni parte en nuestras decisiones y, por lo tanto, no tenemos responsabilidad ante nuestros actos.
Hoy que estamos por terminar un año doloroso, deseo a todos ustedes que el siguiente sea de menos pesadumbre. Y, sea como sea, les envío energías “positivas”.
Carlos Enrique Correa Jaramillo
cecorrea4@gmail.com