Tragedia en las vías

Con mucha preocupación vemos los ecuatorianos que cada vez aumentan los accidentes de tránsito en el país.  En realidad, las vías son tierra de nadie. Cero controles por parte de las autoridades.  Circulan vehículos sin placas, cotidianamente sobrepasan las velocidades permitidas, casi, casi es normal rebasar en curvas o viajar sin luces en la noche. No es nada raro ver a conductores en estado etílico por las carreteras y ciudades, o adolescentes sin licencia conduciendo a altas velocidades. Tampoco es raro, aunque está prohibido por la ley, ver vehículos en los que liban y alteran el orden público con volúmenes que perturban la capacidad auditiva de las personas.

El incumplimiento por parte de los conductores es absolutamente normal en el cada día de nuestra convivencia. Hay conductores que aseguran que, en años, nadie les ha exigido sus documentos, jamás hay un policía que multe a un infractor por pasarse el semáforo en rojo, peor aún por emitir smog al aire o por usar el pito indiscriminadamente. En otros tiempos, al término de una fiesta popular, estaban siempre los patrulleros controlando que no haya personas borrachas al volante; hoy es común que después de una fiesta, los irresponsables que han bebido se sienten al volante. Luego vienen los accidentes mortales, ellos huyen, lloramos a las víctimas un par de días y aquí no ha pasado nada. Borra y va de nuevo.

Todos estos atropellos ocurren diariamente frente a una policía pasiva que nada hace para al menos devengar el sueldo que les paga el Estado (o sea nosotros). Las leyes en nuestro país están hechas para que la delincuencia siempre salga triunfante. Tierra de nadie. Sin tener a quien recurrir y son esperanza de que nada cambie.

Hever Sánchez M.

Hever.sanches@unl.edu.ec