El juego de tasas

En estos días las esperanzas humanas parecen acrecentarse. Los arranques de solidaridad, tan propios de diciembre, nos hacen pensar en la posibilidad de mejores tiempos. Los propietarios de pequeños negocios sueñan con la prosperidad que cosecharán mañana gracias a los innumerables sacrificios de años pasados. Los trabajadores sonríen frente a las perspectivas de incrementos salariales. Los dueños del capital y las autoridades del gobierno hacen divertidos malabares con las tasas de interés. Cada cual con su ilusión y todos con la misma realidad mezquina.

Se anuncia una levísima baja en las tasas bancarias y los expertos económicos se apresuran a indicarnos que, pese a estar en una economía dolarizada por muchos años, aún son necesarios los intereses de más del veinte por ciento para determinadas clases de créditos. Los costos del pago del capital a los ahorristas, nos dicen, tienen un peso fundamental. Agregan que el mantenimiento administrativo de las instituciones también influye y que no tiene menos incidencia el riesgo que corre el prestamista. Asentimos, y con la mano en el pecho nos hacemos cargo de las angustiosas vicisitudes que soportan las instituciones crediticias. Ponderamos la generosa y desinteresada labor que realizan por la Patria y aplaudimos a las autoridades de la Junta Financiera que han establecido esa metodología de cálculo que, según se proclama, aliviará la carga financiera del sector productivo. Sin duda el hálito solidario de los días festivos ha movido el corazón de las altas autoridades de las finanzas y de los grandes personajes de la banca hasta el punto de rebajar, con magnífica longanimidad, una o dos décimas a los justísimos intereses con los que cariñosamente arropan a los pequeños comerciantes, a los artesanos, a los industriales incipientes. ¡Que alegría! Un reluciente juego de tasas para estas navidades.

Carlos García Torres

cegarcia65@gmail.com