Familia y escuela

En la práctica, la escuela se ha caracterizado por desconocer el papel protagónico de la familia en el desarrollo integral de los niños, relegándola a un rol exclusivo de hábitos de higiene, normas y pautas de buen comportamiento que a su juicio favorecen y complementan la tarea de la escuela, pero que de hecho no integran plenamente la función de socialización que la familia posee. Con todo, la escuela demanda a la familia el cumplimiento de tareas y obligaciones que extienden lo escolar al hogar, lo cual conlleva la mayoría de las veces, conflictos en la distribución del tiempo compartido en el grupo familiar y tensiones entre padres e hijos ante la presión de tener que cumplir con las tareas exigidas. Estudios recientes que caracterizan la relación familia – escuela desde la perspectiva de las demandas escolares hacia los padres señalan que las escuelas no distinguen en sus demandas el tipo de familia al cual se dirigen. La escuela debe abrir sus puertas a la realidad sociocultural de las familias, de modo que sea posible reconocer cuáles son las valoraciones de los padres acerca del ámbito escolar y de los hijos, como también que los padres puedan reconocer cuáles son las valoraciones que tienen los profesores acerca de su rol en la educación para alcanzar una alianza familia – escuela efectiva.

Los estudios recientes indican también que los alumnos sobresalen más en sus esfuerzos académicos y tienen actitudes más positivas respecto a la escuela, aspiraciones más altas y otros tipos de comportamientos positivos si tienen padres que se preocupan y les alientan a en su educación formal (Epstein, 1995), como también si estos presentan altas expectativas y aspiraciones sobre su desempeño y resultados en lo académico. Las expectativas se definen como «lo que se cree que ocurrirá en el futuro dadas las tendencias actuales, no lo que se desea que ocurra, ni lo que se está dispuesto a hacer para ello”. Hechos no palabras.

Cambio y fuera.

Richard E. Ruiz O.

richardruiz.45@gmail.com