Principio de subsidiariedad del municipio

El filósofo español Elías Díaz en su libro “De la maldad estatal y la soberanía popular” nos hace la siguiente pregunta: ¿Por qué los Estados son tan malos si los individuos son tan buenos? La realidad del Estado, entendido este como los gobernantes de turno y sus instituciones, dicen mucho de cómo somos cada uno de nosotros los ciudadanos. La atrofia e hipertrofia de nuestras instituciones estatales demuestra lo escasamente en serio que nos tomamos a nosotros mismos como individuos, de ahí la frase “cada pueblo tiene el Estado y la corrupción que se merece”. El Estado se hace cada vez más obeso, derrochador, violento, esclerótico, endeudado y al servicio del gobierno de turno, pero no es menos cierto que el liberalismo anti-Estado defiende la “socialización de las pérdidas y la individualización de las ganancias” en sus empresas. El Estado constituye un mal necesario que ha propiciado un cierto bienestar social mínimo, aunque lo haga esquilmado a sus trabajadores y concentrando la riqueza en pocas manos. Por nuestra parte sostenemos que si para algo existe el Estado es para la gestión de los intereses universales de todos los ciudadanos, frente al cual los ciudadanos deben ejercer una vigilancia permanente. En la actualidad el Estado es todavía un mal menor que hay que trabajar por su mejora, por eso el Estado sólo tendría sentido si fortalecemos, por ejemplo, los municipios y a las organizaciones sociales. Las organizaciones sociales para que hagan realidad la autogestión, esto es, el autogobierno emanado desde las comunidades libres e iguales, participando activa y responsablemente en la dirección y en la realización de la tarea común. En cambio, el municipio por su parte tendría una función de subsidiariedad, protección o auxilio a las iniciativas sociales más difíciles. Cuando el municipio realiza el principio de subsidiaridad, la sociedad en general crece.

Jorge Benítez Hurtado

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