Hace poco participé en un evento presencial donde había un número significativo de representantes de emprendedores. Me llamó la atención el discurso de algunos dirigentes era casi como escuchar a sindicalistas de la vieja escuela; no critico el sindicalismo per se, pienso que es una forma de organización necesaria para velar por condiciones de trabajo dignas. A lo que voy es que, muchos de esos discursos se quedaron atrapados en el rumor, críticas y quejas.
Me preparaba para escuchar a los líderes de los emprendedores, tenía idea que serían intervenciones proactivas, terminaron siendo un pliego infinito de lamentaciones y a eso le llaman hablar desde “la realidad”. No digo, que el camino del emprendimiento esté lleno de flores, quizás por eso, solo dos de cada diez empresas llegan a los cinco años de vida, el resto perece en valle de la muerte.
Terminado el evento me acerqué a los organizadores para auscultar impresiones y descubrí que los mismos quejumbrosos, habían sido quienes más se tardaron en entregar información, quienes más se hicieron de rogar para asistir, etc.
Esto me recuerda cuando fui profe universitario, los quejumbrosos, eran quienes llegaban atrasados, chateaban en el celular en plena clase, entregaban fuera del tiempo sus deberes, pero eran los primeros en reclamar recalificación de exámenes.
Sin duda aquellos que crecieron con esas prácticas, siguen pensando que alguien les va a dar haciendo su deber de: organizar su negocio, planear ventas, buscar nuevos mercados, innovar sus productos, poner en orden sus cuentas, en fin.
Por eso estamos como estamos.
Marlon Tandazo Palacio
@MarlonTandazoP