Subsidios y repe

Muy temprano en la mañana, cuando los sueños aún se confunden con la realidad, los noticieros nos bombardean con entrevistas a conocidos economistas liberales que con el ceño fruncido y con un gesto de desprecio señalan a los subsidios estatales como la causa de todos los males de la sociedad ecuatoriana. Nos repiten los mismos argumentos gastados y falaces, nos ilustran con cuadros de colores sobre los precios de la gasolina en otras latitudes y concluyen que la gasolina en el Ecuador es prácticamente gratuita.

Dentro del mejor estilo de las verdades a medias agregan que un precio bajo solo beneficia a los propietarios de vehículos. Sin embargo, omiten señalar una cuestión esencial y es que las nociones sobre el valor de las cosas se establecen en relación a otros valores. Esto es, un mero número no me dará razón sobre el costo de un bien puesto que necesito compararlo con algo.

Ahora bien, ¿cómo escoger esos parámetros de comparación? Pongamos un ejemplo, pensemos en el costo del banano en Islandia, digamos un dólar por fruta, si lo comparamos con el costo del banano en Ecuador nuestros buenos economistas liberales encontrarán, entre escandalizados y horrorizados, que nuestros guineos del repe de cada día son demasiado baratos y que deben equipararse a precios internacionales. Así, cuando comparamos el precio de la gasolina en el Ecuador con otros países entramos en un campo de engaño puesto que en realidad no comparamos solamente precios, estamos comparando economías y sociedades. Comparamos el valor que se da a la fuerza humana de trabajo y a la infraestructura. Por eso las simplezas económicas matinales se olvidan al medio día al calor de un buen plato de hirviente repe lojano, y no de un frío pescado islandés.

Carlos García Torres

cegarcia65@gmail.com