Paraísos fiscales

Según el economista español Juan Torres dice que los paraísos fiscales «son territorios pequeños, bien países o bien espacios políticamente autónomos, que ofrecen diversas ventajas, tales como falta de transparencia y débil tributación, a las empresas allí instaladas. Las entidades buscan de este modo evitar las leyes nacionales de toda naturaleza, y en muchos casos también el blanqueo de dinero sucio proveniente de todo tipo de delitos.»  Los paraísos fiscales, según Torres, se caracterizan por lo siguiente: «En primer lugar, tienen registradas en su territorio a un enorme número de instituciones financieras que mantienen negocios con personas e instituciones que no son residentes. En la mayoría de los casos niegan el uso de esta información al resto de países, de modo que mantienen una opacidad reinante que favorece el desarrollo de actividades ilícitas en otros territorios. En segundo lugar, sus niveles de negocios son mucho más profundos y complejos de lo que sería necesario para mantener sus economías domésticas, que son muy pequeñas. En tercer lugar, sus sistemas fiscales permiten que las entidades allí instaladas paguen muy pocos impuestos o ni siquiera lo hagan; carecen de todo tipo de regulación financiera y permiten plena libertad de movimiento de capitales; y el secreto bancario y el anonimato son reinantes.» ¿Deberían desaparecer los paraísos fiscales? Creo que sí. Que ellos son libres y pueden hacer lo que quiera con su riqueza, ¡perfecto! Lo único que les pedimos a los meapilas defensores de esos “paraísos” es que sean coherentes con sus principios ideológicos y apliquen en su terruño lo que dice Bernard Mandeville, a saber: “los vicios privados hacen prosperidad pública”. Las personas y empresas (enriquecidas de forma lícita o ilícita) que tienen sus recursos en esos “paraísos” deben retornarlos e invertirlos para procurar así la prosperidad paradisiaca del país que los vio enriquecerse. ¿Tan grande será su egoísmo?

Jorge Benítez Hurtado

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