¿Quién controla el presupuesto que reciben los Gobiernos Autónomos Descentralizados? Es la gran pregunta que se hace el común de los mortales que recorre el país y donde lo primero que advierten son las diferencias abismales en cuanto a obras se refiere.
¿Cómo se explica la diferencia de obra pública en cantones donde sus municipios reciben un presupuesto similar? Para algunos, la diferencia está en la capacidad de gestión del alcalde; para otros, en cambio, en la forma de administrar los recursos que reciben del Estado.
No obstante, en lo que todos están de acuerdo es que los recursos estatales y los que recaudan mediante el cobro de impuestos y tasas, deberían ser invertidos en obra pública, sin excepción. Pero, ¿qué sucede con los municipios donde la obra pública está ausente? ¿Puede una autoridad destinar los recursos de manera deliberada sin que exista un verdadero control?
Al parecer sí, de lo contrario no se explica el desarrollo de la obra pública en unos lugares y en otros no. La falta de coherencia entre lo que se predica en campaña política y lo que se hace ya en el ejercicio de las funciones, causa un grave daño a los pueblos. Pues, la obra pública genera una importante actividad económica porque crea puestos de trabajo de manera directa e indirecta y mejora la calidad de vida de los ciudadanos.
Se entiende por gasto público en transformar las rentas estatales en servicios públicos y con el aporte de la ciudadanía se contribuye con este fin. Sin embargo, en lugares donde la obra pública llega a cuentagotas se debería emprender una intensa fiscalización o auditoría para saber dónde está la plata que reciben del erario nacional.
Es hora de un baño de transparencia y honestidad de quienes ejercen cargos públicos y administran recursos estatales. También, ya es hora que la ciudadanía exija, con altura y frontalidad, el destino del dinero que les pertenece.
César Sandoya Valdiviezo
cesarsandoya@hotmail.es