A inicios de año el país soñaba con tener un nuevo gobierno y una nueva Asamblea Nacional que luchen juntos por el bien de los ecuatorianos, poniendo como prioridad la resolución de los problemas que afectan a la nación.
Existía esperanza en tener un trabajo armónico entre lo poderes del Estado y sepultar la mala experiencia de la Asamblea saliente. A octubre del 2021, me apena decir que este sueño se ha desvanecido de manera notaria, y el país ya presenta una grave pugna de poderes que se demuestra sustancialmente en la oposición que existe en el legislativo, que se vio explicitada a partir del proyecto de ley denominado “creando oportunidades”. Todo esto trae consigo la falta de decisiones que resuelvan los verdaderos problemas económicos del Ecuador como son: la falta de empleo, el déficit fiscal, la deuda pública, el crecimiento económico, la pobreza entre otros.
El fantasma de la muerte cruzada suena, y fuerte, en los pasillos de Carondelet, además de una posible consulta popular que faciliten las decisiones que propone el ejecutivo. Pero más allá de quién es el santo o quién es el demonio, la crisis institucional que teníamos ya, se ve agravada por esta crisis política que demuestra claramente que los liderazgos políticos son débiles y poco formados, porque siguen priorizando sus intereses dejando de lado el interés común.
Recuerden que la voz del mandante ha delegado responsabilidades en ustedes, y ustedes tienen la obligación de rendir cuentas. No se puede poner como bandera de lucha un solo propósito, es necesario tener consensos y acuerdos, pero para que ello suceda se requieren principios éticos, moral altiva y transparencia efectiva a todo nivel.
Leonardo Izquierdo Montoya
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