¡Oiga, no me espante los clientes!

Hace poco visité a mi peluquera. Para quienes nos es esquivo el volumen de cabello, ir a la peluquería se convierte en un día solemne, porque aún podemos darnos algún caprichoso look, mientras nos queda pelo.

En la peluquería, noté que había una mujer adulta sentada en una esquina de la sala, con una capa negra que envolvía del cuello a la cintura y una extraña plástico sobre su cabeza. No estaba la peluquera, por lo que decidí esperar afuera y así evitarme la obvia pregunta de: ¿viene a cortarse el pelo?

Al rato asomó la peluquera, me hizo pasar, saludé a la otra clienta y me senté de frente al espejo listo para un nuevo look. De pronto, una voz masculina de afuera pregunta si hay pedicure para pies y la encargada dice que sí. El tipo entra, era un hombre ya mayor, lo supe porque el invierno había llegado a su cabello. Pero vestía modo juvenil, con quetas blancas a la moda, pantalón y chaqueta estilo vaqueros.

Desde que se sentó el mayor, no hizo más que cuestionar las desacertadas medidas de bioseguridad en la pandemia. Que el alcohol es antibacterial y por eso no va a matar el virus Covid-19, decía. Habló de esoterismo, política, economía, religión; y, antes de que la peluquera terminara mi nuevo look, el mayor concluyó diciendo que los químicos nos están matando y que los productos que la mujer mayor tenía en su cabello, también eran nocivos para su salud. En ese momento, la peluquera que se había mantenido escuchando nomás, hizo una pausa, se dirigió al tipo y le dijo entre risas: ¡Oiga! Pero no me espante a los clientes. A lo que el mayor respondió: solo era una simple reflexión.

Cuántos de nosotros pasamos en el día a día, con tantas situaciones que de pronto pueden alterar nuestras emociones, y por cualquier cosita nos exaltamos. Herimos de palabra a los nuestros: hijos, padres, esposa, esposo. Y nunca les decimos luego, discúlpame me exalté.

Ciertamente tomarse con humor las situaciones de la vida, endulzan la olla de amargura con la que algunos se levantan. Y aquí se cumple, ese famoso dicho de “el cliente siempre tiene la razón” y sí, es su razón.

Marlon Tandazo Palacio

@MarlonTandazoP