Como parte de nuestro folklore religioso, encontramos festividades muy arraigadas que resuenan con castillos, danzas, el palo encebado y adornado con cintas y víveres; las comidas típicas, ferias de remates, bazares y bandas de pueblo, me refiero a la fiesta de los Santos, que, con el transcurso del tiempo, han despertado interés en los fieles. En dichas celebraciones, se nombran priostes encargados de patrocinar la fiesta católica, que consta de tres momentos básicos: las vísperas, con su carácter ritual, constituyen la preparación colindante a la fiesta, y según la costumbre radica en la novena, la procesión con la imagen, cantos religiosos, oraciones al santo, rezo del rosario, y una serie de actividades que unen a los fieles e incrementan la devoción del santito; hasta que llega el día principal de la celebración, junto a los rituales más importantes como son: la eucaristía, procesión, repique de campanas, música, juegos pirotécnicos, comida y bebida tradicionales, ofrecidas por los priostes. Finalmente, en la despedida, es donde se nombra al nuevo prioste que los representará el próximo año. De ahí que desde tiempos inmemoriales, fusionando nuestras raíces prehispánicas junto a los elementos cristianos, acarreados con la conquista española, se han mantenido tradiciones indígenas como la del Inti Raymi, incorporando rituales católicos que en este caso particular, armonizan con la fiesta de San Juan; y así mismo encontramos un sinnúmero de santos de nuestra devoción como parte del folklore religioso, por quienes incluso nos han bautizado nuestros padres con sus nombres, y que tienen sus celebraciones bien establecidas, como el caso de San Francisco que se recordó hace pocos días.
Lucía Margarita Figueroa Robles
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