Para cualquier estudioso de la política, de la economía y del urbanismo, la ciudad de Loja debería ser objeto de asombro y de profunda reflexión. Su persistencia a lo largo de los siglos, su constante crecimiento, el empuje incansable de sus habitantes, son características que bien pueden destacarse como ejemplo de lucha contra la indiferencia y el abandono gubernamental. Mas curioso, si cabe, es el hecho de que la ciudad haya logrado sobrevivir y aun superar a una serie de administraciones municipales de muy dudosa efectividad o de insoportable autoritarismo. El último cuarto de siglo ha abundado en vaivenes políticos, pero ha carecido del auténtico trabajo necesario para fundar las direcciones económicas y sociales creadoras del futuro de la ciudad. Desde los escritorios municipales constantemente se plantean los esbozos iniciales de los primeros borradores de los estudios previos de los anteproyectos de imaginarias realizaciones que en un borroso porvenir intentarán solucionar los problemas que hoy atenazan a los lojanos. El aquí y el ahora poco importan. Las personas que claman por el hundimiento de sus viviendas y con ellas de todo el trabajo de su vida deben consolarse con los sesudos estudios que con certera solvencia técnica señalan la necesidad de nuevos estudios. Y mientras en los escritorios de los tecnócratas se deslizan perezosos los días, en las calles, en la vida verdadera, las horas vuelan para los atribulados ciudadanos que deben buscar condiciones dignas de vida para los suyos y un asomo de equidad para sus hijos.
Carlos García Torres
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