Frente a las concentraciones urbanas, la irrupción de las tecnologías de comunicación y la debilidad de los modelos económicos para proveer un mínimo de ingresos a los todos se han ensayado alternativas de desarrollo y convivencia, una de ellas está asociada a las ciudades inteligentes, aquellas donde se atienden eficaz y ecológicamente las necesidades de consumo.
Pero, a pesar de las propuestas innovadoras, la voluntad de los gobiernos locales y las iniciativas de la sociedad civil para articular recursos en busca de mejorar la calidad de vida, la participación de los ciudadanos en la ejecución de las posibles soluciones es aún baja, no se logran cambios continuos, una y otra vez regresan los conflictos.
Probablemente deben invertirse los sentidos en la definición de las ciudades del futuro. Se han trabajado metodologías, legislaciones, laboratorios y más ejercicios para procurar diálogos cuyos acuerdos perduren, y provoquen la anhelada participación ciudadana.
El emprendimiento, el arte y más señales de identidad de los lojanos quedan eclipsadas ante la premura de cubrir lo básico. Nuestras universidades se internacionalizan, proponen automatismos e interacciones, avanzan en la cultura digital, sin embargo, el reto de acoger las voces de los habitantes subsiste, es un propósito pendiente.
Loja, como pocas urbes, tiene la opción a acoplarse a la “ciudad de los 15 minutos”, un modelo diseñado por el investigador Carlos Moreno, que se refiere a la proximidad y accesibilidad de las seis funciones esenciales para la realización de las personas y las familias -vivir, trabajar, abastecerse, recibir atención médica, educarse, prosperar- en un perímetro de 15 minutos. Esta es una clave hacia la “Human City” donde la participación es consustancial.
Abel Suing
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