Aún tengo viva esa imagen de cuando, tras un centro de Aguinaga, se elevó el talentoso e indescifrable Jaime Iván Caviedes y conectó el balón de cabeza, venciendo la resistencia del golero uruguayo y anotando el gol que clasificaría a Ecuador a su primer mundial de Corea-Japón, en el 2002. Se sacó la camiseta (sancionado con amarilla por el reglamento) y la tomó como trofeo haciéndola girar sobre su cabeza. Todos aplaudimos el gol y la celebración. Otros jugadores, tras anotar, tienen la costumbre de celebrar subiéndose la camiseta a la altura del cuello y, en una camiseta interior, exhiben algún mensaje cristiano o un mensaje familiar.
Pero lo que observamos el 2 de septiembre del año en curso, en el partido entre Ecuador y Paraguay, que se definió en los segundos finales, cuando Estrada, con una jugada espectacular, marcó el segundo gol y luego se despojó de su camiseta y la arrojó de manera por demás irrespetuosa contra el piso, nunca voy a estar de acuerdo. Algunos dirán que es una forma personal de sentirse feliz por el gol anotado y que lo que importa es la victoria. Respeto ese criterio, pero no lo comparto. Hemos visto celebraciones magistrales de los goles, poniéndose de rodillas y agradeciendo a Dios, otros con saltos acrobáticos, otros lanzándose al piso, etc. Pero arrojar al piso la camiseta que está defendiendo, no creo que sea una forma digna de celebrar un gol.
Otro asunto que llama la atención es la falta de preparación a los jugadores de la selección para entonar el Himno Nacional. Algunos lo hacen con notorio civismo y otros con cierta indiferencia. Además, en los compromisos internacionales, sólo se entona la parte completa que corresponde al coro, los jugadores, al cantar el himno, se equivocan y se pasan a la primera estrofa.
Y en cuanto a resultados, Ecuador ha jugado el 50% de los partidos de las presentes eliminatorias y apenas ha conseguido 13 puntos; 3 menos que en el 2018. Ante Uruguay, el entrenador quiso el empate; teniendo buenos atacantes no arriesgó y perdimos. Los próximos rivales son Bolivia en Quito, Venezuela en Caracas y Colombia en Barranquilla, ojalá los resultados estén de nuestro lado.
Darío Granda Astudillo
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