Si bien el deporte es una actividad que no puede considerarse como de primera necesidad para el ser humano, tampoco puede negarse su importancia hasta el punto de que todo gobierno debe preocuparse de darle un apoyo firme y decidido, puesto que su práctica tiene que ver con el desarrollo saludable de los ciudadanos, tanto en el ámbito personal como en el colectivo.
Y decimos que tiene que ver con el desarrollo saludable porque su práctica regula el metabolismo corporal, ayudando al crecimiento armonioso de los tejidos y órganos, que permitirán afrontar ataques de factores malsanos, y también eliminando toxinas que degradan la salud. Esto, hablando de la salud biológica; porque también tiene su acción en la salud psicológica: mediante el ejercicio se producen las llamadas hormonas de la felicidad, que permiten mantener un estado de ánimo alegre y positivo. Además, la práctica de los deportes permite desarrollar virtudes como la humildad, la disciplina, el respeto a los demás, el reconocimiento de cualidades ajenas, el trabajo en equipo, etc., y aleja la posibilidad de adquirir vicios. Se realiza una síntesis de interdependencia entre la salud biológica y la salud corporal: “mente sana en cuerpo sano”, promoviendo sanas relaciones sociales.
La práctica de los deportes exige, necesariamente, la utilización de materiales deportivos, utensilios, espacios físicos apropiados, aparatos, etc. Se crea, por lo tanto, una obligación del Estado para fomentar el deporte de manera masiva, antes que el deporte de espectáculo, en el cual solo unas pocas personas, debidamente preparadas, realizan la actividad física en las canchas y escenarios, mientras que son muchas las que están cómodamente sentadas mirando dicho espectáculo, sin hacer ejercicio y sin obtener beneficio para su salud.
Carlos Enrique Correa Jaramillo
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