Tan pronto se supo que el presidente Guillermo Lasso vendría a Loja a la sesión conmemorativa del Día del Federalismo para recibir una condecoración de la prefectura provincial por haber logrado que el pueblo se haya vacunado, los sectores productivos y económicos, la Asamblea Cívica Ciudadana de Loja, las cámaras de la producción, los municipios y más actores a los que los gobiernos solo les ha repartido escasez y preterición, sus directivos quieren lograr un espacio en dicho evento, para repetirle al Mandatario lo que machaconamente se les ha dicho a los presidentes de turno, las necesidades y deseos reprimidos de esta provincia fronteriza, que sigue viviendo con el síndrome de las migajas de esperanza.
Aunque la visita presidencial es para recibir una condecoración, no deja de ser una oportunidad para que “el gobierno del encuentro” nos ayude a sumar acciones a fin de que Loja pueda ser parte de una administración con equidad, aquella justicia natural que mueve dar a cada provincia lo que merece, pero que para Loja ha sido su pecado original, por ser denegada.
Que venga a Loja, donde no hay como disimular la realidad, los desvíos y olvidos oficiales. Tampoco para que lleve un inventario de necesidades. El presidente Lasso no es responsable de responder a todo tipo de pedidos y pagar todas las facturas atrasadas, como las nuestras, por habernos acostumbrado a vivir con la lengua atada y la aceptación. Pero es el presidente de todos los ecuatorianos y está obligado a dialogar con la realidad para ver cómo cambiarla.
Hay que esperar se confirme la venida del mandatario para ser condecorado. Vale recordar que una invitación igual se hizo al expresidente Moreno, “¿por qué me van a condecorar si no he hecho nada por Loja?”, fue su respuesta. Y no vino.
Adolfo Coronel Illescas