Las parejas llegamos a la relación con nuestro equipaje psicológico, nuestras costumbres, valores, tradiciones, etc., y las aplicamos abiertamente con nuestra pareja; sin embargo, las mieles y las hieles en el noviazgo son aceptadas sin dificultad por nuestro par; pero, por qué las hieles ya no las aceptamos cuando convivimos, si antes nos parecían normales, será porque confundimos al amor con emociones parecidas como el deseo o afán de compañía y olvidamos que el amor es una decisión y no un sentimiento, es un verbo y el fruto de esa acción es el amor; por ello, es nuestra decisión amar, aceptar, valorar y brindar amor a la pareja.
En esta etapa se identifican algunas características como el bajo nivel de responsabilidades, bridamos mucho tiempo a compartir fiestas, reuniones con amigos y allegados, donde el grado de novedad hacia nuestra pareja es elevado, existe un intercambio de conductas que resultan muy placenteras y positivas, lo que desemboca en expectativas demasiado elevadas sobre el futuro que esperan el uno del otro y al convivir, nos damos cuenta que algunas de ellas no están en relación con nuestro equipaje psicológico.
Es importante indicar que toda historia está rodeada de temas conflictivos, sean parejas jóvenes o con muchos años de convivencia, puesto que la vida en pareja no siempre es armónica, se presentan contrariedades y desilusiones. Se pueden aplicar algunos recursos para una sana convivencia como asumir lo que uno siente sin echar la culpa al otro; poner límites, ser proactivo, asertivo, flexible, buen negociador sin resignar ni imponerse sobre la pareja.
En conclusión, tener claro que nuestros valores, costumbres y tradiciones se pueden adaptar en la convivencia, sin renunciar a la individualidad, conservando nuestra estima, integridad y una necesidad continua de cambio.
Francisco Herrera Burgos
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