La ‘forma empresa’ es hoy un modelo ‘ideal’ de organización de la vida porque se piensa siempre en el beneficio particular o corporativo. La adscripción de la universidad a los imperativos del mercado tiene consecuencias claras en el sistema de educación superior: disminuyéndose espacios para el estudio de las humanidades y las ciencias sociales, y potenciando carreras técnicas que producen sujetos que puedan responder afirmativamente a las necesidades de la industria.
Esa configuración mundial fundamentada en la supervivencia del más fuerte, demanda de sujetos dóciles y rentabilizables, sujetos que no tomen conciencia de las formas de, y trabajen sin cuestionar las condiciones en que lo hacen.
La universidad hoy requiere problematizar los órdenes establecidos, requiere cuestionarse a sí misma como un lugar reproductor de las desigualdades imperantes en el mundo, porque en su seno se fortalecen las pulsiones individualistas de competencia incesante, que anula futuras posibilidades de reivindicación colectiva.
Defender la universidad implica fortalecer mecanismos de resistencia, abandonar convencionalismos, buscar nuevas condiciones materiales para pensar una universidad más plural, más humana.
Hay que rescatar a la universidad como espacio de las ideas, de las disputas y disensiones, para que se agolpe en ella la diferencia y la alteridad. Hay que pugnar por la autonomía del pensamiento que genera, respecto de las formas de producción dominantes, para que la universidad no esté al servicio de intereses privados, ni se convierta en simple apéndice de ellos.
Pablo Vivanco Ordóñez
pablojvivanco@gmail.com