La otra cara de las medallas

Richard Carapaz aún no retorna al país, anuncian que lo hará en septiembre. Neisi Dajomes y Tamara Salazar, lo hicieron el miércoles 4 de agosto y fueron recibidas con los lauros y loas que sus logros olímpicos les acreditan; con aplausos, bailes y discursos destacando sus épicas hazañas. Igualmente la pesista Palacios y el ciclista bmx Ocampo, que obtuvieron diplomas también se unieron a la majestuosa bienvenida. Se esperaba otros logros en marcha atlética, sobre todo femenina pero, la crueldad del clima restó posibilidades; pero eso sí, todas dejaron su corazón en las pistas; igual los varones.

El momento deportivo que vive Ecuador a nivel olímpico me hizo acordar esta expresión: “si estoy soñando no me despierten y si estoy despierto, no me dejen dormir” Es que, aunque no lo creamos, somos el segundo país de Sudamérica con la mejor ubicación, solamente nos supera Brasil.

Las medallas obtenidas por Carapaz, Dajomes y Salazar, han brillado con colores de sol y nieve. Todos nos hemos maravillado con su encanto y, vaya, nos hemos sentido muy orgullosos. Sin embargo, estas medallas también tienen otra cara, esa que, en los momentos de apoteosis, no hubiéramos querido escuchar y que ha dejado a Ecuador, en el consenso internacional, mal posicionado. Todos los deportistas se han quejado de que el Gobierno muy poco ha hecho por ellos y que no han sido atendidos de manera presencial con entrenadores, kinesiólogos y motivadores, y que debieron acudir a profesionales extranjeros para solucionar problemas inmediatos. Quienes fueron deportistas en ediciones anteriores y ahora están inactivos, también se quejan del abandono en el que viven.

El Comité Olímpico Ecuatoriano es el encargado de preparar a los deportistas y brindarles todo el apoyo en los momentos de sus participaciones. Ellos se defienden diciendo que han cumplido con su cometido; los deportistas, con hechos, los confrontan. Por el momento todo está consumado, sin embargo, esperamos mayor responsabilidad del Gobierno en esta área, para a futuro, seguir soñando en el Olimpo.

Darío Granda Astudillo

dargranda@gmail.com