Hace más de 100 surgió en Amaluza, cantón Espíndola, la iniciativa de festejar a San Vicente Ferrer, lastimosamente el año anterior, con la pandemia en todo su apogeo, no fue posible desarrollar la celebración en su plenitud; no obstante este sábado 3 y domingo 4 de julio, la fiesta en honor al santo patrono, estará revistada de actos estrictamente religiosos, como la misa de vísperas y la santa eucaristía en su día central, con todas las medidas de bioseguridad y restricciones del caso, revestido eso si de una profunda fe católica impregnada en los corazones y mentes de cada uno de sus devotos.
La fiesta de San Vicente Ferrer, tiene su origen con la devoción de la señora Celina García Rojas, integrante de la familia García Rojas quien importa la imagen desde España llegando a Puerto Bolívar en Ecuador y desde ahí es traslada hasta Amaluza en hombros por nativos de esta tierra, expedición dirigida por su esposo Víctor Antonio Ortega. Antes de morir, Doña Celina donó la imagen a sus hermanos y más familiares, encargándole la sindicatura a su hermano Pedro García y este a su vez a su hija, la prestigiosa galena Dra. Mercedes Vicenta García, quien desde la década de los 80 hasta la actualidad cuida la imagen y organiza las festividades conjuntamente con todos los descendientes de esta prestigiosa familia a quien entregó la imagen para la posterioridad, designando como síndica y presidenta vitalicia a su sobrina Ing. Alicia García Torres.
Según data la historia, San Vicente Ferrer fue un predicador incansable del Evangelio para llegar a una sociedad más cristiana, y esta como otras virtudes de este portentoso santo han permitido que el vigor, la confianza y la certidumbre se fortalezca año tras año en Amaluza y muchos lugares del mundo, porque la fe nunca se extinguirá por el contario es el bálsamo para aliviar las visitadas, especialmente de estos últimos tiempos.
Acompañemos a San Vicente Ferrer en su día y bajo su amparo podamos seguir caminando por el sendero del bien, la paz y la gracia, permitiendo que estas festividades sean propicias para rarificar su bálsamo hacia la humanidad.
Sybel Ontaneda Andrade
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