En las últimas semanas varios convocados a vacunarse contra la Covid-19 no acudieron. El promedio de inasistencias es de 25%. Así mismo se conoce de personas que se anticiparon, es decir se “adelantaron en la cola”, otros han viajado a países cuyas políticas permiten la inmunización de extranjeros, y hay varios que creen en noticias faltas o sencillamente rechazan la vacuna.
Aquellos que no registraron sus datos, las personas que viajaron y los apocalípticos podrían ayudar para que sus cupos sean asignados a otros informado adecuadamente. Como han manifestado los científicos, el inicio del fin de esta pandemia ocurrirá cuando los pobres de los países subdesarrollados estén vacunados.
La desinformación y los comportamientos poco solidarios derivan en que haya centros de vacunación saturados y otros con mínima concurrencia. También existen noticias sobre preferencias por cierta marca de vacunas, afluencias de personas no notificadas y pobladores de áreas rurales, que luego de horas de viaje, no reciben las dosis.
Se pide que el gobierno cumpla sus promesas y se exigen recursos para los hospitales, pero no hay compromiso de los ciudadanos para emplear eficiente y eficazmente los bienes púbicos. Probablemente una mejor campaña de información ayude a menguar los conflictos, pero no será suficiente sin la responsabilidad de las personas para ordenar, aportar y ejercer su participación.
El escenario opuesto es renunciar a las libertades para pedir al Estado que decida qué, cuándo, cómo y dónde deben ser atendidas las necesidades de los particulares. Sin un comportamiento cívico es muy poco lo que aún el mejor gobierno democrático pueda hacer.
Abel Suing
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