El fracaso en la educación nunca se ha dado por la incorporación de planes educativos, aunque muchos de ellos a lo largo de la historia y aún en la actualidad no obedezcan a nuestra realidad, los encargados de implementarlos han tratado de escoger de entre las mejores opciones alguno que se acople a nuestras necesidades.
En muchos estudios sobre esta temática se aduce que el desequilibrio que existe entre la educación y el nivel de desarrollo en muchos países, no se debe a la ignorancia de los funcionarios, ya que muchos de estos poseen altos títulos universitarios. Sino al desquiciado pero real aparataje político, que interfiere en la educación, está escrito “Que ha donde va la educación, va el pueblo”, si este es un precedente ¿Por qué somos tercer mundo?
La cuestión parece clara, muchos de los altos títulos universitarios, son eso, altos títulos, el uso y manejo que se les da a los mismos, es donde radica el problema, falta de capacidad y privilegios sobre desarrollo es el detonante.
La educación actual más que enseñar a razonar, enseña a obedecer, no enseña a pensar y ser crítico, es decir, nos vuelve obedientes al sistema, es aquí donde la complicidad del docente es determinante.
Michel Foucault (1926-1984) dice que a lo largo de la historia el poder de control y sometimiento se ha centrado en el control del cuerpo, en el control del individuo, del hombre, llevándolo a que este obedezca al reconocer la superioridad del otro.
El sistema educativo, tal y como está diseñado es una herramienta para el adoctrinamiento, en pos del agarrotamiento mental y es aquí donde los altos títulos han jugado bien las cartas, generando una nueva sociedad ciega y obnubilada a su propio fracaso.
Pablo Ortiz Muñoz
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