Al siguiente día de su posesión, el presidente Guillermo Lasso en su afán de “encontrarse” primero con la prensa remite a la Asamblea Nacional otra ley de medios, denominada Ley Orgánica de Libre Expresión y Comunicación, sabedor de la importancia que tiene para la democracia la libertad de expresión. Aunque en un país democrático no es necesaria una ley.
Hay que advertir que la ley de medios ha sido manoseada por varios gobiernos. Solo recordemos la Ley Orgánica de Comunicación del gobierno de Correa, dedicada a la prensa que ocupó el sitio de honor en la tarima del odio, la perversa “ley mordaza”. Luego el expresidente Lenin Moreno consciente de que la sumisión no es aceptable en los pueblos libres, mandó la “mordaza” por el estercolero, devolviendo al periodista su apostolado por la libertad, la democracia, la justicia y la verdad. Llega al poder el presidente Lasso, deroga las anteriores y expide otra, cuyo objetivo principal es “defender, promover y garantizar las libertades de expresión de comunicación y de prensa”.
A pesar de que el Mandatario madrugó en el envío de la nueva ley, esta tendrá que esperar para el trámite algún tiempo, porque son 423 proyectos de ley pendientes o represados en la Asamblea Nacional. Cuando le toque el turno habrá que socializarla con los actores, cuyos criterios son necesarios para una propuesta perfectible, donde se garantice que la palabra y el pensamiento son libres en el Ecuador.
La ley que propone Lasso, es un claro mensaje para que la prensa, como servicio público, gane terreno en la iluminación de la esencia misma de la libertad de expresión y la relación existente con las realidades del pueblo, antes que inocultablemente en nuestro Continente entierren este derecho junto con la democracia.
Adolfo Coronel Illescas