Con el florecimiento de las nuevas tecnologías de la electrónica, informática e Internet se ha ido creando la cultura del “todo es posible” “todos somos realizadores”. Es así que en la actualidad grabar un vídeo parece una cosa tan sencilla, sólo se requiere del teléfono celular, algo de equilibrio, el objetivo y nada más. Por esa misma “facilidad” es que en muchas escuelas, colegios y en centros universitarios, por encima del cuaderno exigen la grabación de vídeos, bien sea para certificar las tareas ejecutadas o para realizarlas, es ya algo rutinario.
La grabación a mansalva de vídeos por personas que desconocen por completo del audiovisual, está cercenando el arte y la estética de uno de los lenguajes más singulares con los que cuenta la humanidad. Con esta frenética irrupción, sin respeto alguno, de todo convertirlo a vídeo, reducimos el ingenio y la creatividad de miles de jóvenes. La falta de una enseñanza sobre las técnicas, cánones y formas de producir está haciendo que un recurso de altísimo valor pedagógico sea usado únicamente con un elemento relleno en la educación. Poco se valora si el vídeo esta borroso, movido, a contraluz, si tiene sincronía, etc., lo único que importa es su entrega.
Por la cultura visual que vivimos en la actualidad, es oportuno que en escuelas, colegios y universidades se dé la importancia que requiere la educación audiovisual.
Hernán Yaguana Romero
hayaguana@utpl.edu.ec