El valor de la familia

Los meses de mayo y junio tienen una magia especial en la sensibilidad afectiva de los ecuatorianos, porque se da una trascendencia única a la madre, al niño y al padre que, en definitiva, forman la familia.

Es que la familia es el primer núcleo de toda sociedad y, las sociedades, responden en su esencia, de conformidad a cómo se manejen los núcleos familiares en los que se forjan los valores que hacen que las personas seamos ciudadanos íntegros.

En el campo educativo, cuando los estudiantes provienen de hogares con principios sólidos, su comportamiento está encaminado hacia actitudes en las que priman el respeto, la honorabilidad, la honestidad, la honradez, la responsabilidad, la lealtad y la bondad. Caso distinto ocurre cuando en los hogares existen fricciones que, en muchos casos, terminan con separaciones de pareja; sin dudas, quienes sufren las consecuencias son los hijos que, mientras más tiernos sean, las consecuencias son más evidentes. Son los hogares disfuncionales que poco o nada ayudan en la formación de los hijos. 

Por eso, el país ha visto con supremo beneplácito el ejemplo de unión y solidez familiar que da el presidente Guillermo que, siempre tomado de la mano de su esposa María de Lourdes, acude a cuanto evento deba hacerlo, denotando en cada momento testimonios de un verdadero amor de pareja, y no fingidas actitudes que se han observado en otros casos. Ellos, la pareja presidencial, predican con el ejemplo, para que en todos los hogares de la patria se construyan altares que exalten la grandeza de la familia. Quizá, los comportamientos que observamos, alejen de los hogares ecuatorianos la violencia intrafamiliar que tanto daño hace a quienes la sufren: observar a mujeres muertas o agredidas, qué dolor que causa, cuando los hijos, a veces son horrorizados testigos de estos desafueros.

El mes de junio está dedicado a exaltar la grandeza de la primera célula de la sociedad como lo es la familia. Que en todos los hogares ecuatorianos y lojanos, el amor y la comprensión, sean la base fundamental, para que, en un ambiente de respeto y paz, todos construyamos nuestra  felicidad.

Darío Granda Astudillo

dargranda@gmail.com