Reitero que, en la reciente campaña electoral, el Ecuador se encontraba frente a un dilema que rompía los esquemas ideológicos y políticos tradicionales; es decir, los electores no tenían que elegir entre un candidato de «izquierda» y otro de «derecha»; tampoco se trataba de escoger entre el «socialismo» (de cualquier siglo) o el «capitalismo».
El repunte en la segunda vuelta del entonces candidato Guillermo Lasso, que implicó finalmente su elección como el nuevo presidente de la República, fue el resultado de la reacción popular, consciente o no, ante dos opciones claras: el retorno del autoritarismo y la corrupción correístas, o, en su defecto, la recuperación del sistema democrático y el fortalecimiento de sus instituciones.
Todos los regímenes que la humanidad ha experimentado y que han coartado, de cualquier forma, los derechos de las personas han fracasado y se pudren en el basurero de la historia. La izquierda «jurásica» debe entender que fue rechazada en elecciones transparentes y que no existen condiciones para aplicar sus tesis malolientes.
Triunfó la democracia y es tarea de todos los ecuatorianos defenderla y consolidarla; pues, es el único sistema político que, al menos por ahora, tiene la humanidad para lograr la equidad social sin menoscabo de la libertad y los derechos de las personas. Ojalá así lo entiendan los extremistas que, por el momento, están enquistados y controlan la Asamblea Nacional.
Gustavo Ortiz Hidalgo
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