En el ámbito educativo, lejos de creer que la principal incidencia para el éxito o fracaso escolar es únicamente la pedagogía del maestro, nuevos análisis revelan que también afecta al sistema, los modelos, paradigmas, estrategias y el nuevo liderazgo con que operan las autoridades educativas, directivos y especialmente los maestros, que en ocasiones se han estancado en modelos tradicionalistas o políticas caducas, de ahí que las acciones del nuevo liderazgo, incluyen estrategias de capacitación efectivas y criterios consistentes que fortalezcan el saber y el hacer de los líderes escolares. No cabe duda que el liderazgo directivo debe efectuarse de manera distribuida y colaborativa, considerando además de las acciones, la influencia que acarrea a quienes forman parte del equipo de trabajo, a la comunidad educativa y los niveles de calidad dentro del establecimiento; pero así mismo, a partir de la década de los noventa, diversos organismos han analizado el rol que debería tomar el docente en el siglo XXI, en una sociedad postmodernista que requiere maestros dispuestos a asumir la diversidad del conocimiento, el liderazgo, la creatividad e innovación. Ante ello, es tiempo de despojar aquellas aserciones caducas de un líder tradicional, egocéntrico y vanidoso, con cientos de seguidores, como un héroe de guerra que dirige contiendas, para reconocer al nuevo líder, como una persona en constante crecimiento, consciente de sus capacidades y limitaciones, que sabe hasta dónde puede llegar, es imparcial, inyecta energía positiva y es capaz de dirigir procesos de transformación a gran escala, sin eludir responsabilidades, ya que no trabaja monótonamente sino de manera activa.
Lucía Margarita Figueroa Robles
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