En la diversidad de sistemas económicos los impuestos juegan un papel esencial en su política fiscal; más aún en economías deprimidas o en crecimiento, como la nuestra, en donde la riqueza está concentrada en pocas manos. La recaudación de impuestos constituye no solamente una fuente de financiamiento del gasto público, sino el instrumento esencial de redistribución de la riqueza en la perspectiva de la equidad social.
Con dicha lógica la Constitución dispone que la política fiscal tendrá como objetivos específicos el financiamiento de servicios, inversión y bienes públicos; así como la redistribución del ingreso por medio de transferencias, tributos y subsidios adecuados. Agrega que el régimen tributario se regirá por los principios de generalidad, progresividad, eficiencia, simplicidad administrativa, irretroactividad, equidad, transparencia y suficiencia recaudatoria; además, que se priorizarán los impuestos directos y progresivos.
No obstante, los impuestos tienen un límite: la afectación al ciclo virtuoso de la inversión, producción, empleo, y ahorro. Además, el incremento de la carga tributaria puede ser la chispa de un estallido social, en cuyo marco es muy difícil fijar la frontera entre la protesta social legítimas y la delincuencia organizada, experta en desestabilizar gobiernos democráticos para imponer modelos totalitarios, reciclados del basurero de la historia.
Gustavo Ortiz Hidalgo
gortizhidalgo@yahoo.com