Es tan notorio lo que sucede en el país, que hasta el más simple de los mortales puede percibirlo en la política ecuatoriana, esto no es nada nuevo, es parte de la historia.
Pactos y arreglos, entre voluntariosos, esbirros y políticos deshonestos, ha sido el pan del día a día, a lo largo de casi dos siglos, no hay espacio en todo este tiempo, donde la trama oscura del contubernio y la confabulación no hayan tocado el quehacer de la política ecuatoriana.
Tal es la procacidad, que, si observamos los hechos, no hay actor social que no haya recurrido a este tipo de trances para poder mantenerse en el poder, por cierto, de un país históricamente ingobernable.
Las alianzas más que deshonrosas, son incomprensibles, clero y política, liberales con conservadores, izquierda con derecha, populismo con quien sea y todos a favor de todos, un verdadero revoltijo, el fin justifica los medios dicen, para los intereses particulares, no para los generales.
Nada debe sorprendernos, si hemos llegado a pensar “robo, pero hizo obra”, es normal, sin duda, esto es el matiz que identifica a un pueblo idealizado sobre la ignorancia y la estupidez.
Creer que, en este gobierno, con todos los acontecimientos que se han suscitado, no mantiene alianzas oscuras, definitivamente craso error, o se dan cuenta que somos demasiado apacibles y saben que pueden hacer lo que les da la gana.
Podría citar muchos, pero me limitare a las más notorias: el glorioso encuentro; gente del correísmo en puestos claves de la administración pública; presos sentenciados en libertad y aduce que lo critican por no tocar la justicia, que ironía verdad, y, por último, se piensa analizar las relaciones con Venezuela, definitivamente somos ciegos, sordos y mudos, y mientras tanto, los cambios prometidos, ¡Qué sigan esperando!
Pablo Ortiz Muñoz
acupablo1@hotmail.com