
Para estar acorde con la actualidad y mi curiosidad, también suelo incursionar en las redes, afín de encontrar respuestas curiosas como ésta: aunque nuestro tiempo avanza objetivamente y a un ritmo invariable, lo cierto es que cada uno de nosotros lo experimentamos de un modo diferente:
“EL TIEMPO ES:
LENTO: Cuando esperamos
RAPIDO: Cuando vamos tarde
MORTAL: Cuando estamos tristes
CORTO: Cuando somos felices
INTERMINABLE: Cuando tenemos dolor
LARGO: Cuando estamos aburridos
HERMOSO: Cuando estamos enamorados”.
Según estudios relacionados al tema; emociones como la alegría o la turbación, aceleran nuestro reloj interno, haciendo que los minutos pasen más rápido; en cambio emociones desagradables como la ira, la tristeza o el miedo, hacen que percibamos el paso del tiempo como más lento; el recordar eventos pasados asociados a emociones positivas, nos parecerán más cercanos en el tiempo; mientras que aquellos vinculados a experiencias traumáticas u hostiles, los sentiremos más lejanos. Definiendo claramente, que es el estado anímico el que influye esencialmente en la calidad de nuestro tiempo.
Y quizá, lo expuesto sea un buen argumento para recordarnos, que atendamos con la debida importancia las fluctuaciones temporales o cambios repentinos, que surgen en nuestro ánimo y rescatemos con cuidado las pistas, que nos provean sobre que los motiva, para ocuparnos en buscar el equilibrio que nos está faltando; en honor a que el tiempo es lo más valioso que tenemos y por lo tanto estamos obligados a emplearlo sabiamente.
Talía Guerrero Aguirre
talia.guerreroa@hotmail.com