En este período pospandemia y del regreso a la “normalidad”, es evidente el aumento de problemas en la relación de pareja en nuestra ciudad, muchas de ellas se encuentran insatisfechas en su relación, no encuentran los mecanismos para afrontar de manera asertiva y cooperadora los conflictos que viven cotidianamente.
Muchas parejas no están satisfechas con su relación, pero no todas saben precisar claramente las causas de su insatisfacción. En ocasiones estas son indefinidas, en otras los motivos entremezclados y muy confusos. Por ello, las formas de afrontar son diversas y muchas veces erróneas, lo que ahonda el conflicto. Así, algunas parejas se esfuerzan en ignorar sus problemas, esconden sus frustraciones, no patentizan sus desengaños, creen que así contribuyen a la armonía familiar, pero al suprimir sus necesidades y el desconocimiento de las de su pareja, conduce al desencanto, sensación de engaño, aumenta la vulnerabilidad hacia la ansiedad y la depresión.
Algunas parejas creen que lo único que puede mejorar su situación es que su pareja cambie de actitud y comportamiento, ya que es la causa de que las cosas no funcionen y esperan que su pareja reaccione. No dará resultado, pues vemos la paja en el ojo ajeno, y no la viga en el propio.
Buscan la salida a sus conflictos dedicándose con mayor ahínco a sus intereses personales o peor aún, buscando aventuras amorosas, compensando sus frustraciones y satisfaciendo sus expectativas que ya no las encuentra en su pareja.
El mejor y único camino para mejorar la convivencia es aquel que permita reconocer el origen de los problemas, toda vez que, son muchos los factores comportamentales que actúan simultáneamente y producen conflictos entrelazados, pero estos deben ser comentados y afrontados por la pareja, con actitud asertiva y cooperadora. Recuerda es tu decisión ser feliz.
Francisco Herrera Burgos
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