Lectura Incomoda

La política electoral se construye a partir de referentes, de personas, de liderazgos contundentes o al menos “aparentes”.

Elegimos creer en estas personas por sobre las ideologías, en caras por sobre las ideas, o en apellidos por sobre planes de trabajo. Es básico, nuestra definición política ha devenido de insinuaciones, de dadivas y de discursos que alimentan el anhelo, pero no de verdades que cambien realidades.

Te han prometido cambiar el país, mega proyectos, vender aviones o comprar medicinas; pero en la práctica parece que el Estado mismo se sostiene sobre estas ficciones.

Entonces inocular mentiras se convierten en una herramienta de dominación, porque guiarte hacia el odio y la aberración es más rentable que educarte y gobernar; la ecuación es simple aprovecharse de la ignorancia y la inocencia de un pueblo indocto.

La estrategia, hacerte creer que la política se trata de villanos y malignos que buscan hacerte daño, y que existen “salvadores blancos” que te libraran de ese mal político e ideológico, siempre y cuando les des tú voto.

Por lo tanto, te constriñen a pensar que la Izquierda es malvada, diabólica, la muerte que te acecha, y que se quiere robar tus “riquezas”, y lo aceptas irrefutablemente, sin siquiera cuestionar un mínimo ¿por qué? Mientras del otro lado está la Derecha, que ahora resulta ser piadosa, humanista, elegante y casualmente muy pro judía.

En el aparente centro estamos todos, sensibles pensadores, bondadosos analistas, pero sobre todo ecuánimes e imparciales electores, encargados de descifrar, interpretar y valorar la mejor opción política, pese a que nos consideremos apolíticos. Y al final parece fácil, si en la derecha está todo lo bueno, que es lo que hay que pensar. (Sarcasmo)

No cuentan con nuestro análisis, solo nos guían al matadero. ¿Desde cuándo y por qué? Un empresario privado que siempre se quejó de la cosa pública hoy quiere dirigirla. Desde cuando la derecha voraz, con hambre de recursos naturales, de explotación laboral, y dueña de los medios de producción se preocupa por el trabajador.

La estrategia es aprovecharse de tus emociones, temores y sentimientos, porque saben que la gente no vota como dicen los libros, sino que votan como hablan sus amigos.

Jorge Ochoa Astudillo

jorge8astudillo@gmail.com

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