El bien no hace ruido, el ruido no hace bien

La frase «el bien no hace ruido, el ruido no hace bien», atribuida a San Vicente Ferrer, cobra una relevancia particular en nuestros tiempos, donde la búsqueda de la validación externa a través de las redes sociales y la constante necesidad de llamar la atención han eclipsado, en ocasiones, la esencia misma de las buenas acciones.

En una época donde la visibilidad es sinónimo de éxito y donde cada acción es documentada y compartida en las redes sociales, la idea de realizar el bien en silencio puede parecer anticuada. Sin embargo, esta máxima nos invita a reflexionar sobre la verdadera motivación detrás de nuestros actos. ¿Buscamos el reconocimiento público o sentimos una genuina satisfacción al ayudar a los demás?

El bien auténtico no necesita de aplausos ni de likes. Florece en la intimidad, en el anonimato, y encuentra su recompensa en el impacto positivo que genera en la vida de otros. Es la semilla que, sembrada en silencio, germina y crece, aportando frutos duraderos.

En este contexto, el ruido no solo es una distracción, sino que también puede ser una fuente de ansiedad y estrés. La presión por mantener una imagen perfecta en las redes sociales puede llevar a la construcción de identidades falsas y a la búsqueda de la aprobación constante de los demás, lo que a la larga puede generar un profundo vacío interior.

Si bien es cierto que las redes sociales pueden ser una herramienta poderosa para generar conciencia y movilizar a las personas en torno a causas justas, es importante utilizarlas de manera consciente y responsable. Podemos aprovechar estas plataformas para amplificar mensajes positivos, inspirar a otros y construir comunidades basadas en valores compartidos.

En un mundo cada vez más ruidoso, esta célebre frase nos invita a reflexionar sobre el sentido de nuestras vidas y a priorizar lo que verdaderamente importa. Al cultivar la práctica del bien en silencio y al reducir el ruido mental, podemos encontrar una mayor paz interior y contribuir a construir un mundo más justo y compasivo.

Mauricio Azanza O.

maoshas@gmail.com

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