A nivel mundial, las bandas delictivas han adoptado modelos empresariales de tipo multinacional desde hace décadas. Ecuador desde los ochenta no ha sido la excepción, al ser un país de tránsito y de producción de sustancia sujetas a fiscalización, en donde se han conformado estructuras criminales de segundo orden o que responden a lineamientos de actores de mayor jerarquía que se encuentran en otras partes del mundo. El contexto político y económico actual ha revelado y agrandado aún más un problema que nunca se ha solucionado y que ha convivido con la sociedad ecuatoriana por medio de procesos más escondidos e incluso pacíficos.
Estos modelos criminales, al emular empresas constituidas legalmente, también poseen doctrinas, socios o accionistas, «colaboradores» y determinados instrumentos violentos o no violentos para alcanzar sus objetivos. La situación se complica aún más porque el público objetivo o el territorio ganado por una determinada banda delictiva también es disputado por otros agentes criminales, lo cual termina desencadenando hechos violentos. Lo relevante de pensar sobre el cambio de las estrategias criminales en Ecuador, es la adopción de nuevos instrumentos y metodologías para cometer ilícitos, por ejemplo, el uso de la motos y armas, también la intensificación de la extorción a través del cobro de “vacunas”, el secuestro y el aumento del uso de la violencia.
Estas son formas que surgen y se refuerzan debido a las deficientes políticas públicas en materia de empleo, salud y educación que ningún gobierno ha logrado solucionar. Por lo tanto, es necesario que las autoridades de turno tomen medidas correctivas para proteger a nuestras familias y negocios contra la inseguridad que se experimenta en este momento.
Víctor Antonio Peláez
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