
El consenso en política tiene un rol importante en momentos de crisis, conmoción o transición. Los consensos son necesarios para la estabilización del sistema político y social, permitiendo establecer vías de cooperación entre diferentes fuerzas y posiciones (muchas veces antagónicas) con la misión de direccionar acciones en función de intereses nacionales prioritarios. Este ejercicio de madurez política implica la inclusión de distintos actores políticos en la toma de decisiones, consensuando temas específicos en la búsqueda de la esquiva gobernabilidad. Estos procesos deben también basarse en un clima de confianza, ética, reconciliación nacional, desarrollo económico y justicia. Por otro lado, el consenso político no debe fundarse en la sumisión automática al poder dominante, sino en un acuerdo de interés común basado en el desprendimiento, respeto mutuo y colaboración. Esto en contraposición a la polarización y confrontación constante entre los actores que conviven en el sistema político.
Aunque el consenso pueda parecer utópico, Ecuador tocó fondo, especialmente en temas tan sensibles y crueles como la inseguridad y las violencias. Las disputas políticas han demostrado ineficiencia y han entorpecido en muchos casos la respuesta del Estado a las necesidades y demandas de la sociedad. El país se desangra y exige respuestas, ante la mirada impávida de autoridades y fuerzas políticas que han permitido el atomizado escenario que todos tememos y profundamente lamentamos. Es momento de consensos, no de repartos, es momento de acción, es momento de dejar la confrontación política y buscar mecanismos en unidad que permitan viabilidad a la urgencia que demanda la desgracia nacional. Es momento de hacer valer el sentido mismo de la política, mediante el diálogo y a través de la negociación buscar en consenso la resolución del conflicto social.
Santiago Pérez Samaniego
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