
Parafraseando la inmortal obra de don Benjamín Carrión: “América dada al diablo” queremos referirnos en este Editorial de que Ecuador ha sido entregado al diablo. Un estado fallido por donde se lo mire, en donde la delincuencia gobierna paralelamente a las supuestas entidades democráticas.
La guerra está declarada y es contra todos: amas de casa, políticos, policías, emprendedores, adolescentes que hablan por celular, choferes que conducen sus automotores; en fin; contra todo lo que se mueve.
El peso absoluto de la responsabilidad del descalabro social que estamos viviendo, lo tiene el gobierno que nunca hizo nada para poner orden, que es evidente que llegó únicamente para beneficiar a su círculo cercano y a sus intereses, más no a los ecuatorianos. Y no puede ser posible que un jefe de Estado defenestrado y con el rechazo de casi todos los ecuatorianos, siga gobernando y firmando acuerdos, todos ellos en detrimento del país.
Cada día hay nuevos asesinatos que lamentar, nuevos motines que se levantan en las cárceles, en donde, por cierto, los reos cuentan hasta con granadas, metralletas y fusiles; servicio de internet de óptima calidad y celulares de última generación. ¿Será que todos estos insumos llegan solos hasta sus celdas? De paso hasta chanchos crían por si les da ganas de una fritadita para aplacar la resaca.
En medio de lo terrible, hay una tendencia a la que nos estamos acostumbrando y es que ya no nos admiramos de los crímenes, asaltos, vacunas y hechos de sangre que ya son pan de cada día. A fuerza de no tener a quien recurrir, lo estamos dando por normal, olvidando que hay instituciones pagadas por nuestros impuestos que tienen la obligación de protegernos.
Mientras allá arriba el presidente y sus ministros ineptos se condecoran entre sí, de sus preseas y medallas brota la sangre incontenible de un pueblo impotente e indefenso que clama por justicia.
Hever Sánchez M.
@Hever_Sanchez_M