Administrar un cantón en Loja, implica mucho más que aprobar ordenanzas o repetir discursos institucionales. Gobernar supone comprender el territorio, escuchar a la ciudadanía y planificar desde la realidad social. Sin embargo, en la actual gestión municipal se percibe una debilidad persistente: la ausencia de propuestas sólidas y alternativas técnicas que orienten decisiones públicas coherentes con las verdaderas necesidades del cantón. La planificación ha dejado de ser una herramienta estratégica para transformarse en un proceso centralizado, alejado de la vida cotidiana de los barrios urbanos y rurales.
Esta desconexión se evidencia en la manera en que se enfrentan problemas estructurales vinculados a servicios básicos, infraestructura, movilidad y desarrollo local. Muchas decisiones se adoptan sin procesos sostenidos de diálogo ni espacios reales de participación ciudadana, reduciendo la planificación a un trámite administrativo que no conversa con el territorio que se pretende ordenar y mejorar.
El panorama se vuelve más delicado tras la aprobación de la Ordenanza de valorización del suelo urbano y recaudación del impuesto a los predios urbanos para el bienio 2026-2027. El incremento del avalúo predial se aplica sin una política clara de contribución de mejoras ni obras visibles que respalden el esfuerzo económico exigido a la ciudadanía. A ello se suma que el presupuesto barrial, aunque aprobado, continúa sin ejecutarse, mientras los barrios siguen esperando intervenciones básicas, profundizando la percepción de abandono institucional.
Este contexto no solo interpela a quienes hoy ejercen el poder local, sino también a la sociedad lojana en su conjunto. Gobernar de espaldas al territorio vacía de sentido la gestión pública, pero tolerar esa distancia sin cuestionarla también implica renunciar al ejercicio ciudadano. Autoridades y ciudadanía están llamadas a asumir corresponsabilidades, exigir transparencia, corregir rumbos, ejecutar recursos públicos y rendir cuentas, para que Loja recupere dirección, legitimidad democrática y un desarrollo construido desde sus barrios, con responsabilidad social y visión de futuro.
Mayra García Calle
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