El precio invisible del alimento que desperdiciamos

El 28 de septiembre, Día Internacional de Concienciación sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos no debería leerse solo como un problema de organización, sino como una cuestión ética de fondo, una contradicción difícil de justificar: mientras millones de personas padecen hambre en el mundo, cerca de un tercio de los alimentos termina en el tacho de la basura.

El problema ético supone injusticia: los alimentos se descartan principalmente por mantener los precios elevados en el mercado. Según, datos de la FAO de 2019 en el Ecuador se estima que se desperdician 939 000 toneladas métricas de alimentos al año, que representa un valor aproximado de 334 millones de dólares anuales.

Cada alimento desperdiciado representa agua, tierra, energía y esfuerzo humano invertidos en vano, además de emisiones de gases de efecto invernadero que agravan la crisis climática.

Revertir esta tendencia exige compromiso en todos los niveles: políticas públicas que incentiven la donación de excedentes, rediseño de los procesos logísticos.  Y en cuanto a cada uno de nosotros lo esencial es estar dispuestos a calcular lo que compramos, lo que servimos a la mesa y lo que dejamos perder por descuido, aprovechar una sobra o compartir lo que aún está en buen estado parecen gestos mínimos; que, repetidos día a día, cambian nuestra relación con los alimentos y más aún con las demás personas

Vale la pena hacernos la pregunta antes de vaciar el próximo plato en el tacho de basura y va, por partida doble, para quienes hoy tienen lo suficiente y demás y para quienes no tienen para comer. Ese es el verdadero desafío detrás de este 28 de septiembre.

Zoila Isabel Loyola Román

ziloyola@utpl.edu.ec

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